El nombre del engañoElena salió del baño de mármol con la barbilla en alto, ajustando la pequeña bolsa de mano contra su costado. El aire del pasillo, alfombrado y silencioso, parecía más pesado que el del salón principal. Cada paso que daba con sus tacones de aguja era un decreto de independencia, pero por dentro, su alma seguía siendo un manojo de nervios.Dobló la esquina con prisa, buscando la seguridad que Taylor le había prometido, cuando de pronto, el mundo se detuvo.El impacto fue seco. Elena chocó contra un pecho firme, una estructura de acero envuelta en seda y perfume de diseñador. El golpe la hizo trastabillar, y antes de que pudiera caer, dos manos grandes y fuertes la sujetaron por los hombros con una firmeza que le resultó aterradoramente familiar.—Lo siento mucho, yo... —La voz de Alexander se apagó en el aire.Él la soltó lentamente, pero sus ojos quedaron anclados en los de ella. Alexander la miró de arriba abajo, recorriendo la curva de su cuello, la línea perfec
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