El rastro de la ceniza
La oficina de Alexander Blackwood en el último piso de la torre corporativa era un santuario de cristal y acero, pero para él, se sentía más como una celda de aislamiento. Sobre su escritorio de caoba descansaba una tarjeta de invitación de papel de hilo, con bordes dorados que brillaban bajo la luz fría de las lámparas. Era la invitación al evento benéfico anual de la Fundación Global, un compromiso ineludible para alguien de su estatus.
Alexander suspiró, un sonido pesa