El regalo de un extraño
El martillo del subastador quedó suspendido en el aire por un segundo que pareció una eternidad. El silencio en el Gran Salón era absoluto, roto únicamente por el zumbido lejano del aire acondicionado y el latir acelerado de cientos de corazones curiosos.
—¡Dos millones y medio de dólares a la una! —gritó el subastador, su voz resonando en las vigas doradas—. ¡A las dos! ¡Y a las tres! ¡Vendido al señor Alexander Blackwood!
El golpe del mazo sobre el pedestal de madera s