La frontera de cristal
La alfombra roja de la gala de la Fundación Global era un hervidero de ambición y seda. El despliegue de seguridad era masivo, separando a la élite del resto del mundo por vallas de terciopelo y una marea de fotógrafos que disparaban sus cámaras como ametralladoras de luz. En este ecosistema, los apellidos Brown y Blackwood eran como dos soles en el mismo sistema: poderosos, brillantes, pero siempre manteniendo una distancia gravitatoria prudencial por su histórica rival