—Esta no es nuestra mansión. Acarició el pasamanos de la escalera de madera, un vacío en su estómago y esa sensación de estar en un laberinto le angustiaba.—Nos mudamos aquí hace casi dos años, no te preocupes, sé que te sientes en un mundo extraño, con la mente en blanco. —No puedo recordar ese accidente, ten paciencia conmigo. —Eso no tienes ni que decirlo, eres mi esposa, estamos juntos en esto.Diana sonrió con timidez, para ella Sebastián era su protector, un hombre encantador que la amaba.Ella le dio un beso en los labios y le miró a los ojos.—Mi amor, yo siento que hay un hueco en mi vida, cuéntame de nuestra historia en esta mansión. —No hay mucho que contar, solo nos mudamos aquí, porque es más lujosa, ahora que nuestra relación está mejor que nunca no creo que la falta de recuerdos haga la diferencia. Sebastián le evadía la mirada con frecuencia, siguió hablando de cómo él había estado siempre a su lado. A pesar de tanto lujos y de los cuidados de Sebastian, ella no
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