CRYSTAL.Mis sentidos se dispararon cuando giré sobre mí misma, cada nervio en tensión. Los músculos se me tensaron, listos para atacar o sobrevivir.Pero en el instante en que mi mirada se cruzó con la suya, todo se detuvo. El tiempo, la respiración… el pensamiento. Nada más existió.No cuando unos ojos dorados me sujetaron como un hechizo. Ardientes y salvajes, tan afilados que no parecía que solo me miraran, sino que me atravesaran.Y por un segundo imposible, pensé que estaba mirando a un dios. Aspiré aire, el pecho elevándose lentamente mientras el último resto de fuego plateado se extinguía sobre mi piel.Silencioso e inmóvil, se mantenía justo más allá de los árboles, observándome con la paciencia letal de un depredador que evalúa a su presa.Con más de un metro ochenta de altura y un rostro esculpido a la perfección, parecía tallado en bronce, cada centímetro duro, esbelto y hecho para la destrucción.La garganta se me secó al ver el músculo firme y ondulante extendido sobre s
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