ASHER.
El amanecer me encontró despierto, mirando al techo, escuchando la respiración de Crystal.
Lenta. Regular. Viva.
Mi brazo seguía rodeándola, protector por instinto, el cuerpo tenso como si hubiera estado de guardia toda la noche—porque así había sido. No dormí. No de verdad. Cada cambio en el aire, cada sonido lejano en los pasillos me mantuvo alerta y preparado.
El instinto de pareja era un bastardo despiadado. No le importaban la política ni las consecuencias. Le importaba ella.
Con cu