CRYSTAL.
¿¿Realeza?? ¿De qué estaba hablando?
Hasta donde yo sabía, solo era una loba de rango bajo a la que la Diosa de la Luna había decidido gastarle una broma retorcida. Entonces, ¿qué estaba diciendo exactamente?
—“¿Realeza? ¿De qué estás hablando?” pregunté, con la voz apenas audible, pero lo bastante clara para que él me oyera.
Sin apartar la mirada, respondió: —“Hueles a algo fuera de lo común. Cualquier lobo sensible puede percibirlo… aunque no todos.”
Casi me llevé la mano a la cara. Era una Omega, sí, pero definitivamente no era estúpida. Su explicación no me convencía.
Suspiré y me aparté un poco de él. Noté el leve tic en su mandíbula al hacerlo. Casi como si aquel gesto lo hubiera decepcionado.
Pero no me importó. Ya había tenido suficiente de hombres que me dejaban cicatrices. No quería repetir lo de Tyrell.
—“Solo dime qué es y deja de darle vueltas. No soy una niña, ¿sabes?” Estaba ansiosa por descubrir quién era. Después del encuentro que había tenido, sabía que ya n