El restaurante de lujo estaba en silencio, rodeado de música clásica y el tintineo de copas de cristal. Ángelo, impecable en su traje, le dedicaba una sonrisa llena de adoración a Cassandra mientras celebraban su aniversario. Ella, a pesar de sus ocho meses de embarazo, lucía radiante, aunque sus manos no dejaban de sobarse la espalda baja.—Feliz aniversario, mi vida —susurró Ángelo, tomando su mano—. No puedo creer que en poco tiempo seremos tres.Cassandra intentó sonreír, pero un dolor agudo le hizo cerrar los ojos. De repente, un ruido sordo, un "¡clac!" interno, seguido de un calor repentino que empapó su silla y su vestido de seda, la hizo soltar un jadeo.—Ángelo... —dijo ella, con los ojos abiertos de par en par—. Se... se rompió.Ángelo, que estaba bebiendo vino, casi se atraganta, mirando la silla. Al ver el charco, la realidad lo golpeó como un tren:—¡Mierda! ¡La fuente! ¡Marco! ¡MARCO! —el grito de Ángelo hizo que los comensales saltaran de sus sillas.Cassandra soltó un
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