La octava noche en el sótano, Matilde bajó más tarde de lo usual.Valerie escuchó el chirrido de la trampilla a las once, cuando normalmente la visita nocturna era a las ocho. Tres horas de retraso que habían hecho que su mente creara docenas de escenarios catastróficos.Matilde descendió las escaleras con movimientos lentos, cargando no solo la bolsa de comida habitual sino también un termo grande y dos tazas de cerámica."Té," anunció, sirviéndolo con manos que temblaban ligeramente, "con miel y algo más fuerte que no quiero nombrar."Valerie aceptó la taza, el calor filtrándose a través de la cerámica hacia sus dedos fríos. El primer sorbo reveló el "algo más fuerte": vodka, suficiente para quemar la garganta pero no suficiente para emborrachar."¿Qué pasó?"Matilde se sentó en el colchón, su espalda contra la pared de piedra, la taza entre sus manos como si fuera un talismán protector."Vino otra vez, esta tarde, con más preguntas.""¿Sobre qué?""Sobre ti, sobre mí, sobre cuánto
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