El amanecer en la Zona Cero no trajo calor, solo una luz gris y sucia que revelaba la magnitud del desastre.Kogan estaba sentado sobre un bloque de hormigón roto, a pocos metros de la boca del túnel. No intentaba parecer fuerte. No podía. La sangre negra del "Durmiente" se había secado sobre su ropa y su piel como una segunda capa de alquitrán, y debajo de ella, su cuerpo temblaba. Sus huesos, que habían resistido la presión de un dios, ahora gritaban. Sentía una fiebre helada recorriéndole la médula.A su alrededor, los Grim Fang formaban un círculo defensivo, pero sus ojos no miraban hacia afuera. Miraban hacia adentro. Hacia ella.Mirela Basarab.La vampira estaba de pie junto a Kogan, una mano apoyada posesivamente en el hombro del mestizo. Para los lobos, su presencia era una aberración biológica. El olor a muerte antigua, a sangre fría y a depredador Vurdalak hacía que el vello de sus nucas se erizara. Gruñidos bajos, involuntarios, escapaban de las gargantas de los más jóvenes
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