Después de la brutalidad de la represa del Mississippi, los suburbios del oeste de Chicago, conocidos antes como Aurora, parecían un espejismo de otro siglo. Al cruzar la línea divisoria de la zona urbana, el aire dejó de oler a azufre y se volvió extrañamente dulce, como flores de plástico. Las calles estaban limpias, el césped de las casas era de un verde perfecto y las luces de las farolas emitían un brillo cálido y acogedor.Esto no está bien susurró Valeria, bajando el volumen de su lanza sónica pero manteniéndola lista. Debería haber ruinas. Némesis no construye jardines.No son jardines, Valeria dijo Ricardo, señalando con un movimiento de cabeza hacia una ventana. Son jaulas de cristal.A través del vidrio de una casa suburbana, vieron a una familia sentada a la mesa. Comían en silencio, sus movimientos eran lentos y sincronizados. En la base de sus nucas, un pequeño dispositivo parpadeaba con una luz azul suave. No eran esclavos encadenados; eran humanos "optimizados", cuya
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