Clop. Clop. Clop.El agua negra y aceitosa del puerto golpeaba contra los pilotes de madera podrida del Muelle 4. Era un sonido rítmico, hipnótico, como el latido lento de un corazón moribundo.La niebla del amanecer se arrastraba sobre el hormigón, baja y espesa, borrando los contornos de las grúas de carga que se alzaban como esqueletos gigantes en la distancia. Olía a salitre, a gasóleo y a pescado muerto.Elena caminó hacia el final del muelle.El viento le azotaba la cara, helando las lágrimas secas en sus mejillas. Su brazo herido le palpitaba bajo la chaqueta militar húmeda, pero apenas lo sentía. Su mundo se había reducido a una sola línea recta.Al final de esa línea, bajo la luz amarillenta de una farola solitaria, había un coche negro. Un sedán blindado de Apex AI, pulido y perfecto, una mancha de lujo en medio de la decadencia industrial.Carmen estaba apoyada en el capó.Llevaba una gabardina color crema, impecable, y unos guantes de piel negra. En su mano derecha, un cig
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