Mientras tanto, cerca de la gran escalinata, Mía Ferrer observaba a Julián. Lo hacía con esa mezcla de admiración y dolor que la acompañaba desde los diez años. Julián, con su porte seguro y su mirada siempre atenta a la seguridad de Leo, era el mejor amigo de su hermano, el confidente de la familia... y el dueño absoluto de los suspiros de Mía.Julián se giró y, por un segundo, sus miradas se cruzaron. Él le dedicó una pequeña inclinación de cabeza, profesional y cercana a la vez.“Estás especialmente radiante esta noche, Mía”, dijo Julián, acercándose unos pasos. Su voz era profunda, la misma que ella escuchaba en sus sueños desde que era una niña. “Pero pareces tensa. ¿Es por lo de Thorne?"Mía sintió que el corazón le daba un vuelco. Querría decirle que su tensión era por tenerlo tan cerca, por el perfume a madera que desprendía, por los años de silencio.“Es por todo, Julián “respondió ella, forzando una sonrisa”. Selene es el legado de mi abuela y mi madre. No puedo evitar senti
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