Aquella noche, Valeria notó a Leo inquieto. Estaban en la cama, con el sonido de los grillos de la Toscana entrando por la ventana abierta."¿Qué pasa, Leo? Fue la llamada de Robert, ¿verdad?", preguntó ella, buscándole la mano.Leo suspiró, decidiendo no ocultarle nada. "Fabricio ha aparecido. Está intentando extorsionarnos usando la prensa. Dice que la adopción no es válida".Valeria se incorporó, sintiendo un frío que no tenía nada que ver con la noche italiana. "Él no los quiere, Leo. Los dejó morir de hambre"."Lo sé, amor. Y por eso no va a ganar", juró Leo, atrayéndola hacia él. "Pero la luna de miel se ha terminado. Tenemos que volver a Madrid mañana. Necesito estar allí para cerrar esto antes de que los niños se enteren de que ese hombre existe."En la habitación de al lado, Luca dormía con Mishina enroscada a sus pies. El niño soñaba con números y aviones, sin saber que el hombre que le dio la vida estaba a punto de intentar destruir el hogar que finalmente había encontrado.
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