La Torre Rosewood no se sentía como un triunfo, sino como un mausoleo de cristal. Lauren caminaba por el pasillo del cuadragésimo piso, el sonido de sus tacones resonando contra el mármol negro con una autoridad que su corazón aún no reclamaba. El traje sastre que vestía, de un gris marengo implacable, era su armadura contra los cientos de ojos que la diseccionaban mientras pasaba. Para los empleados, ella era la "gemela del escándalo"; para el mercado, era el último suspiro de una dinastía en llamas.Al entrar en el despacho principal, el que hasta ayer pertenecía a Alexander, el aroma a tabaco y sándalo todavía flotaba en el aire, recordándole que ella solo ocupaba ese trono por una concesión peligrosa. Se sentó en la inmensa silla de cuero y miró el escritorio despejado. Sobre él, solo una tarjeta de acceso dorada y un sobre lacrado.Lauren Moore, la hija olvidada, la pianista de las sombras, era ahora la Directora General de la corporación más poderosa del país. Pero la corona que
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