El balcón de la Torre Rosewood era un oasis de aire gélido sobre la ciudad iluminada. Adentro, el murmullo de la subasta de arte seguía su curso, un festín de hipocresía donde la alta sociedad brindaba por el éxito de un hombre que, según todos creían, acababa de enterrar a su amante. Lauren —o mejor dicho, Vanessa Thorne— sintió el peso de la máscara en su rostro, pero el peso del pasado en su corazón era mucho mayor.No tuvo que esperar mucho. Los pasos de Alexander eran inconfundibles: firmes, rítmicos, marcados por una urgencia que no podía ocultar tras su fachada de CEO imperturbable. Cuando él cerró la puerta de cristal tras de sí, el ruido de la fiesta se convirtió en un murmullo lejano.Alexander se detuvo a un metro de ella. El viento agitaba su cabello rubio platino, pero sus ojos grises, fijos y calculadores, no le daban tregua.—No sé qué juego estás jugando, Vanessa —dijo Alexander, su voz vibrando con una mezcla de desesperación y furia contenida—. No sé cómo sobrevivist
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