El sumergible de salvamento descendía por la columna de agua con una violencia que hacía crujir sus planchas de acero. A través de los pequeños ojos de buey, el resplandor naranja de la plataforma Génesis implosionando en la superficie se desvanecía, sustituido por el azul abisal y eterno del Atlántico. Dentro de la pequeña cabina, el aire estaba saturado de olor a sangre, ozono y el siseo del sistema de soporte vital que luchaba por compensar la pérdida de presión.Leonard yacía en el suelo metálico, con la armadura biomecánica abierta de par en par, revelando un cuerpo que parecía haber sido atravesado por mil rayos. Malcom, estabilizado gracias a los torniquetes que Arthur Moore había aplicado con precisión quirúrgica, respiraba con dificultad en el catre de emergencia. Leonard miraba el disco duro vacío en su mano, una pieza de metal inútil que representaba su derrota estratégica frente a su madre.—Lo perdí todo, Katie —susurró Leonard, su voz era un hilo quebradizo que apenas se
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