—Ah, bueeeno… veo que no te afectó mucho la asamblea de esta tarde.Elizabeth se dio vuelta con los ojos inyectados de enojo, pero la visión que tenía enfrente la desarmó. Alejandro llevaba una camisa negra de lino, de manga corta, y un pantalón holgado. No había salido vestido como para ir a un bar: le habían dicho que lo iban a llevar a la costanera a tomar algo, así que pensó en algo más casual, más de sentarse en la mesita de un food truck. Lucia relajado y fresco y eso la confundió.Ulises miró a Elizabeth, confundido, y le susurró al oído:—No me digas que es tu novio.—No, no, por Dios —respondió ella; de repente se le había ido toda la borrachera—. Para nada.—¿Un ex fastidioso, entonces? —preguntó Ulises, esta vez en voz alta.Alejandro levantó el mentón, como un león dispuesto a pelear por su territorio, aunque ni él mismo entendía por qué lo hacía.—No, no, tampoco. Ni Dios lo permita —dijo Elizabeth, frunciendo el ceño—. Es el estúpido de mi compañero de oficina. Y, la ver
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