Elizabeth se dio vuelta sin decir nada más. Tomó a Ulises de la mano y empezó a caminar hacia la pista, como si su cuerpo hubiera tomado el control antes que la razón. Ulises no apuró el paso. Caminó tranquilo, con esa calma irritante de quien sabe que está ganando sin pelear. Cuando llegaron a la pista, se puso delante de ella y la miró, atento, como preguntándole sin palabras si seguía todo bien.
Alejandro quedó un segundo quieto. Después los siguió con la mirada. Y eso fue peor. Se fue a un