Capítulo 79 — La promesa ajenaNarrador:Tony despertó como despiertan los hombres que han sobrevivido demasiadas veces: sin paz, sin gratitud y sin permiso.El primer segundo fue confusión. El segundo, dolor. El tercero, instinto.Trató de incorporarse y el cuerpo le respondió con un latigazo desde el abdomen vendado hasta la espalda. Se le escapó un gruñido bajo, áspero, como si el aire se le hubiera vuelto piedra en el pecho. La vista le bailaba. Parpadeó varias veces, buscando enfoque, buscando amenaza, buscando salida.Se quedó quieto, respirando con cuidado para no provocar otra punzada.Eloísa estaba sentada junto a él, con el cabello recogido sin orden, la ropa de campo y la mirada fija en su rostro, como si hubiera estado esperando ese momento desde hacía horas, tal vez desde hacía vidas.Se le notaba el cansancio en las ojeras, en los hombros tensos, en la manera en que sostenía la espalda, pero también se le notaba algo más: una determinación rara, obstinada, como si su mied
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