Capítulo 85 —Debe morirNarradorLa decisión no se tomó de inmediato.Primero hubo un silencio incómodo, cargado, de esos que no nacen de la reflexión sino del peligro. Tony seguía recostado, pero ya no estaba pasivo. La herida lo tenía limitado, sí, pero la mente estaba funcionando a toda velocidad. Mateo caminaba de un lado al otro de la habitación, las manos en la cintura, la mandíbula apretada. Dinorah permanecía quieta, apoyada contra la pared, los brazos cruzados, observando a ambos como si estuviera midiendo el punto exacto en el que todo podía romperse.—Tenemos que hablar —dijo Mateo al fin—. Y no delante de ellos.Tony alzó la vista apenas.—Estoy de acuerdo.Eloísa y Esteban, que habían permanecido en un rincón, se tensaron al mismo tiempo. No hacía falta explicar demasiado para que entendieran que esa conversación no estaba pensada para oídos ajenos.—Será mejor que vayan a la otra habitación —indicó Dinorah, con un tono firme pero amable—. Y que permanezcan allí.Esteban f
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