El mensaje llegó a las once de la noche de un jueves.Isadora estaba terminando de revisar el borrador de un informe de la fundación cuando la pantalla de su teléfono se iluminó sobre el escritorio. Era un mensaje de texto plano, sin emojis, sin saludos cordiales. La eficiencia brutal de Elena destilada en texto.Se puede ganar.Tres palabras. Enviadas desde el aeropuerto La Aurora, en Ciudad de Guatemala, mientras Elena esperaba abordar el vuelo transatlántico de regreso.Isadora cerró el portátil. Esas tres palabras significaban que Elena no solo había encontrado humo; había encontrado el arma, la pólvora y la mano que apretó el gatillo.Elena aterrizó el viernes al mediodía. Fue directamente de Barajas al bufete, sin pasar por su apartamento.Cuando Isadora entró en la sala de juntas principal dos horas después, Elena estaba de pie frente a la mesa de cristal inmensa. La mesa había desaparecido bajo montones de carpetas marrones, discos duros externos y mapas impresos con marcadore
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