La cerradura cedió con clic que resonó en el silencio nocturno.El Especialista empujó la puerta de la capilla apenas lo suficiente para deslizarse dentro, desapareciendo en la oscuridad como sombra absorbida por sombra mayor. Isadora lo siguió con Dante pegado a su espalda, sus pasos amortiguados por siglos de polvo sagrado sobre losas de piedra.El olor golpeó primero: incienso antiguo, humedad de siglos, el aroma mismo del tiempo solidificado en piedra. Santos de yeso los observaban desde nichos en muros de un metro de espesor, rostros desgastados por devoción de manos que ya no existían.Marcos cerró la puerta detrás de ellos, trabándola con barra de acero.—Quince minutos máximo—, advirtió, consultando dispositivo que monitoreaba señales térmicas exteriores—. Los sedanes todavía están en posición, pero si permanecen quietos mucho más, sabrán que ya estamos dentro.La linterna del Especialista enfocó el altar norte. Piedra gris simple, cruz de hierro forjado, dos candelabros sin v
Ler mais