—¿Gente que mataría por menos? —Isadora apretó el teléfono contra su oído—. Ya lo sé, Diana. Por eso estoy despierta a las tres de la mañana leyendo archivos en lugar de dormir.La risa de Diana Moss al otro lado de la línea era áspera, como papel de lija sobre madera.—No sabes nada todavía. Pero vas a saberlo ahora, porque si mueres sin entender por qué te protegieron, Valentina me va a matar desde la tumba.Dante se enderezó en su silla. Sus ojos encontraron los de Isadora.
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