Capítulo 45: Juguetes de madera
La vuelta al ático no fue como las otras veces. Damián conducía tan despacio que los coches de atrás le pitaban. Evitaba cada bache de la carretera como si llevara una bomba nuclear en el asiento del copiloto.
Elena se reía bajito, mirando por la ventana.
—Damián, estoy embarazada, no enferma. No me voy a romper si pasas de cuarenta kilómetros por hora.
—No me arriesgo —dijo él, muy serio, con las dos manos apretando el volante—. A partir de hoy, nada de correr.