Capítulo 46: Nido de hierro
El lunes por la mañana, el ático ya no parecía una oficina de espías. Parecía una zona de construcción.
El ruido de los taladros llenaba el aire. Pero esta vez, no estaban arreglando servidores ni coches. Estaban arreglando paredes.
Damián estaba en el centro del salón, con un cinturón de herramientas y la camisa manchada de pintura blanca.
—¡Cuidado con esa esquina! —gritó Damián—. ¡Es demasiado puntiaguda! ¡Ponedle goma!
Lucas, que estaba pegando protectores de esp