Capítulo 41: El laberinto de metal
El puerto de carga era un gigante dormido a medianoche. Miles de contenedores de metal formaban calles estrechas y oscuras. Era un laberinto de colores rojo, azul y verde.
Damián aparcó la furgoneta en una sombra profunda.
—Bienvenida a mi casa —dijo él.
Elena miró las grúas enormes que se alzaban sobre sus cabezas como arañas de acero. Todo estaba en silencio.
—¿Vendrán? —preguntó ella, apretando la pequeña llave USB en su mano.
—Vendrán. Quieren esa llave. Y