Capítulo 49: Demasiado grandes
Pasó un mes. Un mes tranquilo. Un mes extraño.
Por primera vez, no había alarmas sonando. No había policías en la puerta. No había amenazas de muerte.
Solo había trabajo. Mucho trabajo.
El ático se había quedado pequeño. Muy pequeño.
Damián tropezó con una caja de pañales que estaba encima de una caja de facturas.
—Esto es imposible —dijo, frotándose el pie—. No podemos seguir así. Ayer casi le pongo un sello de correos a un biberón.
Elena se rió desde el sofá. Su