Capítulo 50: El precio de la lealtad
La inauguración de la fábrica no fue elegante. Fue una fiesta de verdad.
En el patio, entre las furgonetas, había parrillas con carne asada. Había música alta y mucha risa.
Damián miraba la escena con una lata de refresco en la mano.
—Esto es mejor que cualquier gala —dijo Elena—. Están felices.
—Se sienten parte de algo —dijo Damián—. Mi abuelo les daba órdenes. Nosotros les damos respeto.
Sarah no estaba bailando. Estaba sentada lejos del ruido, con los pi