—La señora Vanessa ya llegó a Punta del Cielo —comentó Arven, echando un vistazo por el espejo retrovisor a Daven, quien permanecía sentado con calma en el asiento trasero.El auto avanzaba con paso firme por el centro de la ciudad, que ahora resplandecía con el suave brillo de las luces nocturnas de los edificios circundantes. Sin embargo, esa calma exterior no reflejaba lo que Daven sentía por dentro.A decir verdad, no quería estar allí esa noche. Esta reunión no era algo que pudiera evitar, y no por un deseo real de arreglar una relación que se había desgastado hacía mucho tiempo. Solo era una obligación. Se trataba de una cena de gala para promocionar la película más reciente de Vanessa, la cual había estado subiendo en las listas hasta convertirla en la favorita de los medios. Como su esposo, se esperaba que Daven asistiera, que mostrara su mejor sonrisa, que estuviera a su lado y vendiera la ilusión de un matrimonio perfecto.Si no fuera por la presión de mantener las aparienci
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