Los faroles se estiraban en trazos borrosos, como si la noche entera se desdibujara a su paso.Lydia se aferraba al asiento; apretaba con tanta fuerza que se le blanqueaban los nudillos. Comenzó a respirar de forma irregular. Cada giro parecía demasiado brusco, cada acelerón la lanzaba bruscamente contra el asiento. El estómago se le revolvía con cada aceleración, mientras ella luchaba por pensar con claridad en medio del caos creciente.—Trent, esto es demasiado peligroso —dijo, tratando de mantener la voz calmada, aunque esta le temblaba pese al esfuerzo.—Sería más peligroso si nos detuviéramos, señora —respondió Trent sin dudar.El auto que los seguía volvió a lanzarse hacia adelante. El chirrido de las llantas cortó el aire cuando el vehículo invadió su carril y estuvo a punto de rozarlos de nuevo. Ahora su silueta era inconfundible, grande, oscura y agresiva, como una amenaza que por fin mostraba su verdadera intención.Naomi cerró los ojos, agachó la cabeza y se encogió, como si
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