—No tienes por qué preocuparte tanto —murmuró Lydia, todavía con una sonrisa—. Estoy bien, como puedes ver.
Cale la observó unos segundos antes de suspirar profundamente.
—Según el informe que recibí, no parece que fuera algo pequeño.
Lydia volvió a sentarse y le hizo un gesto para que se sentara a su lado.
—Si te lo contó Trent, era de esperar que sonara mucho más grave.
—¿Así que lo que te pasó no cuenta como grave? —preguntó Cale en un tono más severo.
Lydia se rio, aunque sin mucha alegría.