—Bienvenido, señor Cale —saludó uno de los asistentes cuando Cale llegó esa noche.
Cale bajó del auto a toda prisa y avanzó con paso decidido. Apenas respondió con un breve gesto de la cabeza; su atención ya estaba fija en la persona que lo esperaba. El hombre permanecía con la cabeza agachada en señal de respeto, sin atreverse a mirar a su jefe.
—Trent —llamó Cale, y el hombre levantó la mirada.
—¿Sí, señor Cale?
—Vincent ya me dio tu reporte, pero ¿confirmaste que mi esposa está bien?
—Sí, señ