Oscar desvió la mirada.—Dilo antes de que pierda la paciencia —dijo Cale, sonriendo—. Conoces bien este lugar, ¿no? No hay salida.Oscar gruñó, frustrado, sin quitarle los ojos a Cale. Volvió a recorrer la habitación, como venía haciendo desde que lo habían traído. Ese era un lugar que Cale solía usar para conseguir lo que quería, por los medios más sucios e inesperados. Porque muchos conocían a Cale como un hombre digno que dirigía varias filiales del Grupo TnC, pero otros lo conocían como un hombre de sangre fría.Era un hombre que nunca vacilaba cuando se obsesionaba con algo o con alguien, capaz de doblegar a un rival a su voluntad. Y la gente alrededor de Cale era igual de peligrosa.El hombre tenía razón. No había escapatoria.—En ese entonces —dijo Oscar al fin, en voz más baja, sin atreverse a mirarlo—, Harold sí mencionó el nombre de Selena. Hace mucho tiempo.—¿En qué contexto? —preguntó Cale.—Cooperación —respondió Oscar de mala gana—. Quería entrar a la fundación de Chase
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