—La cena está lista, señorita. ¿Quiere comer ahora?Silvia habló desde el otro lado de la puerta y dio unos golpes suaves, lo que sobresaltó a Eli. Metió a toda prisa bajo la cobija la cajita con el reloj que Josh le había regalado, aunque tal vez Silvia ni siquiera entrara. Aun así, le daba miedo que alguien notara lo que había estado haciendo desde que llegó al cuarto.—¡No! —respondió Eli, más fuerte de lo necesario—. No tengo hambre.—Ah, está bien. Si quiere comer más tarde, puede recalentarla antes.—Sí, Silvia. Gracias.Escuchó los pasos de Silvia alejándose por el pasillo. Eli suspiró aliviada. Había dejado las luces del cuarto tenues a propósito. Las cortinas, a medio correr, dejaban pasar las luces de la ciudad, que se dibujaban en líneas finas sobre el piso. Se sentó al borde de la cama, la espalda apoyada en la cabecera acolchada, las piernas dobladas con cuidado debajo de ella. El celular descansaba a su lado, con la pantalla apagada, como si también esperara a que sus pe
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