Althea sonrió y volvió a mirar la lápida.
—Creo en ti —dijo con firmeza—. Creo que nunca nos traicionaste.
Rozó la piedra con la punta de los dedos, con un gesto discreto.
—Si siguieras aquí —continuó—, te enojaría que usaran tu nombre así. Y me dirías que me pusiera de tu lado y descubriera la verdad.
Lydia sonrió con ternura.
—Suena igualito al Chase que siempre describes.
—Sí —respondió Althea—. Él siempre decía que nunca dejara que nadie más controlara la historia de mi vida.
El silencio vol