—La cena está lista, señorita. ¿Quiere comer ahora?
Silvia habló desde el otro lado de la puerta y dio unos golpes suaves, lo que sobresaltó a Eli. Metió a toda prisa bajo la cobija la cajita con el reloj que Josh le había regalado, aunque tal vez Silvia ni siquiera entrara. Aun así, le daba miedo que alguien notara lo que había estado haciendo desde que llegó al cuarto.
—¡No! —respondió Eli, más fuerte de lo necesario—. No tengo hambre.
—Ah, está bien. Si quiere comer más tarde, puede recalenta