Como siempre, Chase fue el caballero perfecto: le acomodó la silla a Althea, se aseguró de que estuviera cómoda antes de dedicarle su atención a Josh. Con cuidado, ayudó al pequeño a acomodarse, para aliviar cualquier incomodidad en ese lugar desconocido, rodeado de extraños.Durante la cena, la conversación fluyó, pero solo en la superficie. Charla cortés, nada más. Althea hizo lo posible por seguir el ritmo de los temas, ofreciendo sonrisas y respuestas cuando era necesario, mientras le echaba un vistazo a Josh de vez en cuando, por si su hijo estaba teniendo problemas para adaptarse.¿El ambiente en la mesa? Incómodo. Rígido. Demasiado controlado.¿Cómo se suponía que iba a manejar esto?—Señorita Grayson. —Se escuchó una voz desde la cabecera de la mesa. Daniel Miller, el padre de Chase, habló una vez que todos habían comido lo suficiente como para que la conversación formal pareciera oportuna.—¿Sí, señor Miller? —respondió, manteniendo un tono sereno.—¿Cuánto tiempo hace que con
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