Unas horas antes de que Daven apareciera en el preescolar de Josh.
—¿Señor Daven?
El departamento estaba en silencio. Ni un solo sonido salvo el zumbido tenue del aire acondicionado. Sin música, sin televisión de fondo. Nada. Arven sintió inquietud. Algo en esa quietud no se sentía bien, sobre todo después de lo que Daven acababa de descubrir.
“¿Será posible que…?”
—No —murmuró Arven, apartando el pensamiento. Dejó el espresso de todas las mañanas sobre la mesa, preparado justo como le gustaba a