—Josh se quedó dormido. Creo que se agotó de tanto jugar con Emma y mis primos —dijo Chase con una amplia sonrisa mientras cerraba con cuidado la puerta de la habitación de Josh.
—Sí. —Althea rio en voz baja y le entregó una taza de té caliente—. ¿Quieres sentarte un rato? Tu mamá trajo demasiada comida.
Chase tomó la taza y dejó que sus dedos rozaran los de ella. Sus miradas se encontraron, cálidas, prolongadas, y el momento hizo que Althea se sonrojara.
—¿No sería mejor si nos sentamos en el s