—Estamos encantados de tenerlo en Solaviz, señor Daven —dijo Harold, el alcalde, con una sonrisa esperanzada—. Su presencia es una verdadera bendición para esta ciudad. Varios de estos proyectos llevan estancados mucho tiempo por falta de fondos y de una dirección clara.
Daven asintió con cortesía. Tenía la mirada fija en los planos desplegados sobre la larga mesa de reuniones: diseños detallados de instalaciones públicas, ampliaciones de áreas verdes y un nuevo centro cultural. Escuchó con aten