—¿Por qué me detuviste? —dijo Vanessa con la voz furiosa. Se soltó del agarre de James, que la había sujetado con firmeza desde que llegaron al auto—. ¿Estabas tratando de impedir que hablara con Daven a propósito?—Jamás haría eso, señorita Vanessa —respondió James con calma, sin alterar el tono—. Por favor, suba al auto. Será mejor que se tranquilice adentro.—¿Cómo voy a tranquilizarme cuando lo único que quiero es hablar con Daven? —gritó. Pero en cuanto sus ojos repararon en la cortada en el labio de James, claramente obra suya, la ira se le apagó un poco—. Trae el botiquín. Déjame curarte eso.—Podemos hacerlo cuando estemos dentro del auto, señorita.Tenía razón. Así que, aunque la frustración aún le ardía en el pecho, Vanessa se subió al auto. Un momento después, James le entregó el botiquín. Con un suspiro, lo abrió y atendió con cuidado la herida que ella misma había causado.—¿Duele? —preguntó, la voz más suave ahora, con culpa—. Lo siento.—No tiene que preocuparse por mí —
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