—¿Cómo es posible que ese hombre se haya aparecido en la escuela de Josh? —murmuró Althea entre dientes, frotándose las sienes. Arrastraba una angustia que había intentado ignorar toda la mañana.
Había logrado llegar a la escuela. Tenía la mente hecha pedazos, los nervios a punto de quebrarse, pero aun así entró al edificio con una sonrisa ensayada que apenas disimulaba el pánico que la carcomía por dentro.
Lo único que quería, con desesperación, era sobrevivir el día. Dar su clase como siempre,