—¿Cuánto tiempo crees que lleva pasando? —preguntó al fin, con la voz apenas por encima de un susurro.
—No lo sé, señor.
—¿Tan distante fui... que tuvo que buscar calor en los brazos de otro hombre? —preguntó Daven con una risa amarga. Su sonrisa se torció en algo doloroso. La frustración le pesaba—. Dios... y yo la traté de la misma forma en que ella me trató a mí.
El silencio se prolongó, interrumpido solo por el suave zumbido de las bocinas del auto reproduciendo música a bajo volumen.
—¿Qué