«En la mansión Scott» —¡Maldito patán!—, exclamó Lysander, descargando su puño contra la carrocería del coche de Lex con un estruendo metálico que hizo eco en todo el patio de la mansión Scott—, ¡En mi propia casa, Lex! ¡A mis espaldas! Alana es una niña, una estúpida que no sabe nada del mundo, y ese infeliz se aprovechó de ella. ¡Te juro por la tumba de mi abuelo que si descubro quién es, no llegará vivo a la comisaría! ¡Lo mataré con mis propias manos y disfrutaré viendo cómo se le escapa la vida!Lex sintió que el aire se le quedaba atrapado en la garganta. Tragó saliva con una dificultad que le dolió en el pecho, pero mantuvo la mirada fija en su amigo, forzando una máscara de indignación que ocultaba el terror más absoluto.—Tranquilo, Lysander. Sé cómo te sientes, pero ahora no puedes pensar con claridad—, respondió Lex, con la voz apenas estable—, Ese tipo pagará, te lo aseguro. Pero ahora necesitas salir de aquí. Si te quedas, vas a terminar quemando la casa con todos adentr
Leer más