C25- SOLO QUIERÉME, PAPÁAl día siguiente, Bianca bajó las escaleras a las ocho en punto. Llevaba el pelo suelto, cayéndole por la espalda, y Mateo ya estaba en la cocina, de pie junto a la isla, cortando pan con movimientos precisos. Cuando la vio entrar, levantó la vista y un segundo de anhelo le cruzó los ojos.Ella lo miró una sola vez, breve, y luego pasó de largo hacia la mesa donde Thomas devoraba cereales con la cuchara en alto.—Hola, bebé —dijo, inclinándose para besarle la coronilla.Thomas levantó la cara, leche en la barbilla.—¡Mami! Hoy hay excursión, iremos al museo de ciencias.Bianca se sentó a su lado y le limpió la barbilla con la servilleta.—Qué bien, mi amor. ¿Ya tienes la mochila lista?Thomas asintió con la boca llena y miró a Mateo.—Papá, ¿tú has ido al museo de ciencias?Mateo dejó el cuchillo sobre la tabla.—Sí, hace muchos años.—¿Y te gustó?—Fue… interesante.Thomas hizo una mueca.—Suenas como el profesor Collins. Él dice que todo es “interesante” cua
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