C25- SOLO QUIERÉME, PAPÁ
Al día siguiente, Bianca bajó las escaleras a las ocho en punto. Llevaba el pelo suelto, cayéndole por la espalda, y Mateo ya estaba en la cocina, de pie junto a la isla, cortando pan con movimientos precisos. Cuando la vio entrar, levantó la vista y un segundo de anhelo le cruzó los ojos.
Ella lo miró una sola vez, breve, y luego pasó de largo hacia la mesa donde Thomas devoraba cereales con la cuchara en alto.
—Hola, bebé —dijo, inclinándose para besarle la coronilla.