C19- QUERÍA
Al día siguiente, Bianca abrió los ojos a la luz grisácea que se colaba por las cortinas entreabiertas. Por un segundo se sintió ligera, casi feliz. El cuerpo le dolía en los sitios exactos que recordaba la noche anterior: las caderas marcadas, el interior de los muslos sensibles, un calor residual entre las piernas que la hizo apretar los labios y sonreír sin querer.
Luego vino la frase.
«Odias que te llamen "princesa", ¿verdad?»
Se sentó de golpe en la cama y el corazón le dio un