El amanecer en el Almacén C-19 no tenía nada del lujo del penthouse de Spencer. La luz gris del sol se filtraba a través de las rendijas de metal, iluminando el polvo en el aire y la silueta agresiva del Huayra.Desperté acurrucada en el asiento del pasajero, cubierta por el mono de trabajo de Rogue. Él estaba despierto, sentado al volante, su perfil oscuro bajo la capucha, observando algo fuera de la ventana.Me moví y él se giró. Sus ojos, aunque parcialmente ocultos, transmitían una calma peligrosa.—Buenos días, Casey —dijo, su voz baja y rasposa.—Buenos días.La intimidad del coche, después de la intensidad de la noche, era palpable. Esta era mi primera mañana con él, una antítesis total a las mañanas de seda y café de Spencer. Aquí solo había la promesa de la velocidad y el riesgo.Me levanté y me puse mi propia ropa. Al recoger mi blusa del suelo del coche, sentí un agudo embargo en mi pecho. Me sentía profundamente dividida.Con Rogue, era pura libertad y pasión cruda, despoj
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